Crecimiento Turístico Y Tensiones Patrimoniales
Uzbekistán está atravesando una profunda transformación urbana impulsada por una ambiciosa estrategia gubernamental: atraer a 15 millones de turistas extranjeros para 2030. Esta meta, establecida por el presidente Shavkat Mirziyoyev dentro del plan “Uzbekistán 2030”, ha llevado a una expansión acelerada del sector turístico. Sin embargo, en ciudades históricas como Bujará, este desarrollo ha generado tensiones entre la modernización y la preservación cultural.
Uno de los proyectos más emblemáticos de esta política es Bujará Eterna, un complejo turístico de 33 hectáreas ubicado en la zona de amortiguamiento del centro histórico, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Impulsado por el empresario Bakhtiyor Fazilov y su empresa Enter Engineering, el proyecto promete espacios culturales, hoteles de cinco estrellas, zonas verdes y servicios médicos para atraer también al turismo de salud.
Según el subdirector de Enter Engineering, Rustam Khaydarov, el objetivo es crear un sitio moderno que complemente la herencia arquitectónica de la ciudad sin replicarla. “Queremos crear algo que tenga su propio impacto”, afirmó.
Controversia Por Demolición Y Desplazamiento
Pese a la promesa de respetar la historia local, las críticas al proyecto no han cesado. Una de las principales preocupaciones es la destrucción de edificios de valor histórico reciente, como la antigua sede regional del Partido Comunista, construida en 1987 y demolida en 2024. También se cuestiona la falta de consulta con los vecinos y el riesgo de convertir a Bujará en una “ciudad-museo”.
Organizaciones como Alerte Héritage alertan sobre una tendencia a vaciar los centros urbanos de residentes para enfocarse exclusivamente en los turistas. “Estamos asistiendo a una transformación de las ciudades en ciudades-museo pensadas para los turistas”, señaló la investigadora Svetlana Gorshenina.
Este fenómeno no se limita a Bujará. En Samarcanda, se ha construido el parque temático Silk Road Samarkand, criticado por su estética artificial. En Jiva, las casas tradicionales de barro están siendo reemplazadas por modernos hoteles. Y en la capital, Tashkent, nuevas obras rodean zonas religiosas e históricas.
Reacción de la Unesco Y Preocupaciones Internacionales
El proyecto Bujará Eterna, aunque fuera del área central protegida, se encuentra dentro de la “zona de amortiguamiento”, por lo que necesita aprobación de la Unesco. La organización internacional declaró estar “siguiendo de cerca” la situación y reiteró que ningún trabajo de construcción debería iniciarse sin una evaluación del Comité del Patrimonio Mundial, prevista para julio de 2025.
La realización de obras visibles y la demolición de estructuras previas ha levantado sospechas sobre el cumplimiento de esta normativa. Sin embargo, Khaydarov asegura que la empresa no comenzará con las obras principales hasta recibir luz verde oficial: “No queremos que se dañe la imagen de la ciudad”.
Mientras tanto, Enter Engineering sostiene que el proyecto es socialmente beneficioso y generará al menos 15,000 empleos, en un intento por posicionar a Uzbekistán como un destino competitivo en el turismo global.
Reacción de la Unesco Y Preocupaciones Internacionales
El crecimiento del turismo en Uzbekistán ha sido notable: el país subió 16 puestos en el Índice de Desarrollo de Viajes y Turismo del Foro Económico Mundial en cinco años. Pero este avance plantea preguntas sobre la sostenibilidad cultural.
En los bazares de Bujará, otrora repletos de seda y artesanía local, abundan ahora los productos importados y fabricados en masa. Para algunos observadores, esto es un síntoma de lo que podría suceder a mayor escala si el desarrollo turístico no se equilibra con la protección del patrimonio arquitectónico y la vida comunitaria.
“El organismo vivo que es Bujará se está volviendo frágil”, dijo un arquitecto local que prefirió mantenerse en el anonimato. “Corre el riesgo de convertirse en una Venecia en el desierto”.