Llamado Anticipado en Busca de Estabilidad
La presidenta de Perú, Dina Boluarte, anunció este martes la convocatoria a elecciones generales para el 12 de abril de 2026. El anuncio, hecho en un mensaje a la nación desde Palacio de Gobierno, se produce dos semanas antes del plazo constitucional previsto y busca calmar la creciente tensión política y social que enfrenta el país.
Según Boluarte, esta medida tiene el objetivo de abrir un escenario de “distensión” y dar garantías a los sectores económicos, con la intención de evitar que las inversiones se detengan en un contexto de inestabilidad prolongada. La presidenta llegó al poder en diciembre de 2022, luego de la destitución del expresidente Pedro Castillo, y debe culminar el mandato iniciado en 2021.
Aunque la Constitución obliga a convocar elecciones generales un año antes de su celebración, la decisión se adelantó ante un ambiente cargado de cuestionamientos por la inseguridad ciudadana, investigaciones fiscales por presunta corrupción y crecientes rumores de intentos de destitución desde el Congreso.
Crisis Institucional y Fragmentación Partidaria
La convocatoria se produce en un momento crítico para la clase política peruana. En los últimos años, Perú ha tenido seis presidentes en menos de una década, reflejo de una fragilidad institucional que sigue sin resolverse. Boluarte expresó su esperanza de que las elecciones de 2026 no solo garanticen el ejercicio democrático, sino que marquen el fin de la inestabilidad.
En esta jornada electoral, los peruanos elegirán presidente, dos vicepresidencias y un nuevo Congreso bicameral, algo que no ocurría desde hace más de 30 años. La cámara alta tendrá 60 senadores y la baja 130 diputados. Actualmente hay 41 partidos políticos inscritos, por lo que se espera una contienda marcada por la fragmentación y una oferta electoral abrumadora.
El Congreso, controlado en su mayoría por fuerzas conservadoras, ha sido escenario de enfrentamientos constantes con el Ejecutivo. Aunque el Parlamento rechazó dos intentos anteriores de abrir un proceso de vacancia presidencial contra Boluarte, legisladores opositores han anunciado que presentarán una nueva moción por “incapacidad moral”, acusación que ha sido usada en múltiples ocasiones para remover mandatarios en Perú.
Investigaciones y Desgaste de la Figura Presidencial
Boluarte enfrenta diversas investigaciones fiscales que han deteriorado su imagen pública. Entre ellas se encuentra una por presunto abandono del cargo tras someterse a una cirugía estética en plena crisis, otra por supuesto enriquecimiento ilícito relacionado con el uso de relojes Rolex, y una más por las muertes ocurridas durante las protestas que estallaron tras la caída de Castillo.
A pesar de que la presidenta ha negado categóricamente todas las acusaciones, su nivel de aprobación continúa siendo uno de los más bajos desde el retorno a la democracia en Perú. Según las encuestas más recientes, la mayoría de los ciudadanos percibe a Boluarte como una figura distante y desconectada de las demandas sociales.
La oposición ha calificado la convocatoria como “sorpresiva”, incluso desde sectores aliados. Fernando Rospigliosi, legislador del partido Fuerza Popular, afirmó que la decisión parece una maniobra para desviar la atención sobre las investigaciones en curso. Aun así, reconoció que el anuncio podría desactivar temporalmente la presión sobre la presidenta.
Un Proceso Electoral Cargado de Incertidumbre
Con un sistema político altamente fragmentado, un Congreso sin credibilidad y un Ejecutivo debilitado, el proceso electoral de 2026 se perfila como uno de los más inciertos en la historia reciente de Perú. La reintroducción del Senado supone una reforma de calado que aún debe ser completada con leyes reglamentarias pendientes, lo que añade otro nivel de complejidad al panorama.
Más allá del calendario, el principal reto será reconstruir la confianza ciudadana en un sistema golpeado por escándalos, corrupción y cambios constantes de liderazgo. Boluarte apuesta a que una convocatoria anticipada y ordenada podría reducir la tensión y dar algo de oxígeno a su debilitado mandato. Pero con múltiples frentes abiertos, y una clase política desprestigiada, la ruta hacia abril de 2026 está lejos de estar despejada.