La sequía, el cambio climático y las actividades humanas amenazan con desaparecer cuerpos de agua claves en Neuquén.
Un Parque Nacional en Riesgo Ambiental
Cinco cuerpos de agua ubicados en el Parque Nacional Laguna Blanca, en la provincia de Neuquén, están reduciendo su superficie a un ritmo alarmante. Un estudio publicado en Science of the Total Environment documentó que los lagos han perdido entre 20% y 52% de su superficie desde 2007 hasta 2024.
Las causas principales del retroceso son la variabilidad climática, el aumento de las sequías y la intensificación agrícola. La zona es considerada un sitio Ramsar de importancia internacional para la conservación de la biodiversidad. Sus ecosistemas son vitales para especies en peligro de extinción, como el cisne de cuello negro y la rana patagónica.
Los investigadores también advierten sobre la pérdida de hábitats, la proliferación de algas y los riesgos para la fauna migratoria. En total, en la región habitan 125 especies de aves, 16 de mamíferos, 12 reptiles y 3 anfibios, algunas endémicas.
El Impacto de Las Actividades Humanas
Además de los factores climáticos, el estudio detectó la construcción de 53 canales de irrigación aguas arriba, dentro de la cuenca de la Laguna Blanca, a partir de 2020. Si bien no son la causa principal del retroceso, los autores señalan que “estas construcciones sin duda están teniendo un efecto adverso”.
La investigación combinó análisis de imágenes satelitales de enero de cada año entre 1998 y 2024, el estudio del índice climático, y el inventario de infraestructura dentro de la cuenca. La información indica que, aunque hubo un leve aumento en los periodos de humedad entre 2020 y 2024, los lagos continúan disminuyendo.
Los científicos destacan que el área sufre de una falta crónica de datos meteorológicos actualizados, ya que el Servicio Meteorológico Nacional solo cuenta con estaciones hasta 2015 en la zona. Esta escasez complica el desarrollo de políticas efectivas para enfrentar la crisis hídrica.
Consecuencias Sociales Y Ambientales
La desaparición de los lagos genera no solo daños ecológicos, sino también problemas sociales, económicos y culturales. Carina Seitz, del Departamento de Geología y Petróleo de la Universidad Nacional del Comahue, advirtió que la desaparición de cuerpos de agua podría traer efectos sanitarios: “Si los sedimentos del fondo son arrastrados por el viento, podrían llegar a Zapala, como ocurrió con el lago Colhué Huapí en Comodoro Rivadavia”.
Zapala, con unos 34 mil habitantes, se encuentra a 40 kilómetros del Parque Nacional y podría enfrentar problemas respiratorios si el fenómeno avanza. Para la investigadora Ana Liberoff, del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales, esta situación “pone en riesgo la conservación de nuestros Parques Nacionales y la invaluable riqueza de nuestra flora y fauna”.
La experta destacó que, a pesar de la falta de datos, es posible realizar investigaciones robustas mediante herramientas remotas y trabajo de campo. También advirtió que estudios prevén fuerte disminución del agua en la Patagonia debido al aumento de la temperatura y la reducción de precipitaciones.
Llamado a Políticas Públicas Urgentes
Los especialistas coinciden en que se requieren acciones urgentes a nivel nacional e internacional. Carlos Harguinteguy, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, expresó que es necesario impulsar estrategias de conservación local e internacional para proteger estos ecosistemas vulnerables.
Por su parte, el filósofo y científico Guillermo Folguera, del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de la UBA, señaló que actividades como la extracción de hidrocarburos, el fracking, los agronegocios y la megaminería están contribuyendo al agotamiento de recursos hídricos. Según Folguera, estas prácticas priorizan la exportación de commodities por encima de las necesidades de las comunidades locales.
También apuntó que la deforestación y el desmonte han reducido la capacidad del ambiente para retener agua. “Sin duda, es necesario trabajar a nivel global para enfrentar la crisis climática. Ningún país se salvará en soledad”, concluyó.